Fotograma de 'Uncut Gems' (2020) de los hermanos Safdie y bonita metáfora de este año

Este año ha sido una mierda. Así, siendo directos. Yo soy el primero que ha intentado adornarlo con alguna que otra figura retórica con el inocente objetivo de añadirle algo de épica o misticidad al mismo. Que si contexto distópico postapocalíptico, que si una invitación a abrazar la belleza de lo raro y lo absurdo… Pero todo eso no son más que formas de autoengañarnos. De intentarnos convencer de que este año de mierda ha tenido un propósito más allá del de ser un año de mierda (quizás el peor que nunca hemos vivido). Entiendo que es sano incluso que queramos catalogarnos inconscientemente de héroes, supervivientes de la mayor pandemia que ha azotado la historia contemporánea. Pero a la vez se me hace complicado encontrar lo heroico en un año que ha sido más bien la antítesis de una odisea. ¿Dónde está nuestro viaje? Pero en el mismo momento que escribo algo resentido la pregunta que acabáis de leer algo me empuja a volver al artículo que publiqué hace justo un año repasando las mejores películas del 2019.

«Hace un año estaba justo aquí, frente a esta misma hoja en blanco. En su premisa más básica, poco ha cambiado», decía un inconsciente Dani que no sabía la que se nos venía encima. Es al leer estas frases cuando me doy cuenta de lo mucho que ha cambiado todo en un año (de que sí ha habido un viaje que de alguna forma debo abrazar), sobre todo porque en esta ocasión no puedo decir que me encuentre «frente a esta misma hoja en blanco». Porque después de unos meses donde la distancia social y por consecuencia el echar de menos han sido el pan de cada día, no tenía sentido escribir esto sólo con dos manos.

Las mejores películas de este año de mierda han sido seleccionadas a partir de las votaciones de 48 personas maravillosas que han invertido parte de su valioso tiempo distópico en ayudarme a convertir esta habitual celebración del egocentrismo cultural en un ritual colectivo que reivindique el cine que estuvo a punto de no ser. Porque aunque cueste aceptarlo, hay mucho más que un año de mierda tras 2020. Y un ejemplo de ello son estas 15 películas escogidas entre todos y las propias personas que han ayudado a construir este humilde monumento al cine. Feliz año (esperemos que no de mierda) nuevo.

(Nota importante: las películas que han entrado en la lista han sido estrenadas en salas o plataformas en España durante el 2020 o bien proyectadas en festivales nacionales)

15.Vida oculta de Terrence Malick

¿Queréis una cinta cargada de reflexión y hermosa a nivel visual? Pues os recomiendo Vida oculta. Sin duda alguna es una de las películas del año y que muchos aún desconocen. Tal vez no sea para todos los públicos. Pero si estáis dispuestos a darle una oportunidad, os encontraréis con un canto a la vida, a la fe y al amor que os envolverá desde los primeros minutos.

No saldrán caras bonitas ni grandes escenas de acción, pero nos ofrece algo más importante: una reflexión sobre los valores que definen nuestra conciencia. Un tema profundo, sí, y tal vez viendo el año tan horrible que hemos tenido, lo que más nos apetece es consumir productos más superficiales. Pero si buscáis cine del que deja poso, Vida oculta se convierte en un visionario muy acertado. Merece darle una oportunidad a esta historia que plasma tan bien temas tan profundos que definen la esencia del ser humano.

Zamine Nash, @ZamineNash

Fotograma de ‘Vida oculta’ de Terrence Malick
Fotograma de ‘Vida oculta’ de Terrence Malick

14. Lux Aeterna de Gaspar Noé

Lux Æterna es una película que, en las dos ocasiones en que la he visto en pantalla grande, había tanta gente que abandonaba la sala como otros que aplaudían en los créditos (aunque esos otros fueran yo). Y es que ver la última obra de nuestro bigotudo franco-argentino favorito es, al mismo tiempo, un acto de sublimación y de masoquismo. La película gira en torno a un rodaje desastroso y estresante (los estudiantes de cine como yo se sentirán especialmente identificados). Y esa espiral de caos se refuerza en su feroz e impecable apuesta visual y sonora. Noé, siendo consciente de que su reputación viene en gran parte dada por sus recursos estéticos y formales, gestiona las expectativas del espectador con habilidad, presentando al inicio una cita de Dostoievski que es toda una declaración de intenciones, para acabar culminando en una de esas escenas que se queda grabada para siempre en la retina.

El gusto de Noé por las iluminaciones agresivas y estroboscópicas encuentra aquí una de sus máximas expresiones, acompañando un mordaz retrato de la industria cinematográfica. Por todo ello Lux Æterna merece toda vuestra atención, al menos mientras seáis capaces de mantener la mirada en pantalla.

Albert del Arco

Fotograma de ‘Lux Aeterna’ de Gaspar Noé
Fotograma de ‘Lux Aeterna’ de Gaspar Noé

13. Host de Rob Savage

Nunca hubiera metido a Host entre mis diez películas favoritas del año. De hecho, ni siquiera la nombraba cuando alguien me preguntaba por las propuestas que más me habían sorprendido en esta última edición del festival de Sitges (tenéis que ver Black Bear). Pero ver que el pandémico cuento de fantasmas de Rob Savage ha conseguido finalmente colocarse entre lo más destacado del año me saca una sonrisa. Y más aún en un contexto donde el género parece dejar de lado cualquier propuesta alejada de la intelectualidad del elevated horror (ugh). El found footage de interfaz que creíamos ya moribundo renace cuando más se le necesita, cuando la interfaz se convierte durante meses en nuestro único contacto con la ficción (sea de terror o no) y con el terror (sea de ficción o no).

Una reivindicación del cada vez más menospreciado jumpscare como motor del horror, del sobresalto como éxtasis de una coreografía audiovisual que parece citar al pionero Wan. Cine de terror que, como los grandes de los títulos de género de inicios de siglo, no tiene miedo a funcionar como tren de la bruja donde el éxito reside en la simbiosis de la risa y el grito. Savage da un respiro a aquello que temen por la muerte del cine (o de los cines, más concretamente), demostrando que en un momento en el que las películas parecen priorizar la pequeña a la gran pantalla, siempre habrá propuestas que, aún haber nacido para la primera, serán demandas en la segunda. Porque no hay mejor amiga para el cine de terror que la eterna noche (la sala de cine). O puede que las reuniones de Zoom. Eso sí que da miedo.

Daniel Grandes, @UnFrikiInculto

Fotograma de ‘Host’ de Rob Savage
Fotograma de ‘Host’ de Rob Savage

12. My Mexican Bretzel de Nuria Jiménez

Vivimos tiempos raros. Nuestra rutina, nuestro estilo de vida, se vio alterado de un día
para otro sin, casi, previo aviso. Y es que My mexican bretzel para mí es eso: un filme
distinto en una época distinta. ¿Podríamos decir, incluso, que se trata de una película
fuera de su época? Para ser sincero, dudo. Los pasajes del diario íntimo de la protagonista contrastan con la imagen analógica. Lo antiguo choca con lo contemporáneo, creando un perfecto equilibrio. Lo que para mí convierte a My mexican bretzel en una de las mejores películas de este año distinto es esa nostalgia que transmite mediante la imagen analógica casera. Casi como si quisiera volver a ese pasado que en realidad nunca he vivido, pero que me consuela y ayuda a hacer el presente más llevadero.

Carlos Faci, @charlyfg9

Fotograma de ‘My Mexican Bretzel’ de Nuria Giménez
Fotograma de ‘My Mexican Bretzel’ de Nuria Giménez

11. Beginning de Dea Kulumbegashvili

«Más que seguir a la protagonista, tuve la sensación de simplemente estar existiendo delante de la pantalla, mientras ella también existía”, este fue uno de los comentarios que lancé a mis amigos después de ver la película. Beginning establece un diálogo muy particular con el espectador a base de un ritmo lento y una propuesta formal ineludible. Se trata de un conjunto de planos fijos de larga duración y un trabajo con el tono que acaba por generar en el espectador un gran distanciamiento respecto a la protagonista. De esta manera, la película funciona de modo que permite tener esos momentos de desconexión y contemplación, para luego volver a reconectar y estar presente en momentos clave del relato.

Además de ese particular diálogo, también es una película que suscita mucha conversación entre las personas que la han visto. Podríamos debatir sobre esas panorámicas horizontales -y hasta qué punto es un movimiento de cámara que conlleva un cierto regocijo de la imagen-, o en el uso de algunos gestos para crear ecos y conexiones entre diferentes momentos de la película.

Joan Martín, @ismafu

Fotograma de ‘Beginning’ de Dea Kulumbegashvili
Fotograma de ‘Beginning’ de Dea Kulumbegashvili

10. El faro de Robert Eggers

He de reconocer que no tenía demasiadas expectativas puestas en The Lighthouse, puesto que siempre me ha costado conectar con el género de terror por no poder captar un mensaje que fuera más allá de la exploración sobre las expectativas y el miedo. Siempre ha habido algo que me ha costado captar, como si me perdiese algo. Esta sensación no cambió al terminar de ver The Lighthouse, pero precisamente esta película fue la que me confirmó, tras sospecharlo con películas como Midsommar o el mismo The Shining, que la que estaba siendo incapaz de ver todos los matices bajo la luz era yo. Es decir, al igual que Willem Dafoe maltrata y enseña a su vez a Robert Pattinson durante 4 semanas en una isla sin escapatoria, la película hizo exactamente lo mismo conmigo durante su visionado.

Atrapada por mi propia expectación ante lo que sucediera en ese ambiente, me vi obligada a soportar el tempo, el color (la falta de este, evidentemente), la frustración de mis expectativas. La incapacidad de predicción de los hechos y la irracionalidad que desprende constantemente el film. Eran para mí una molestia que me obligaba a esforzarme y fijar mi mirada en los detalles que pudieran encajar las piezas y dotar de sentido a todas aquellas imágenes. Porque la película parecía empujarte a encontrar ese sentido.

Y ciertamente lo conseguí. Mi esfuerzo, sumado a estas características de la película que a priori no me agradaban, fueron lo que me permitió interpretar las imágenes a mi manera. Abstraerme de la narración principal y disfrutar de sus matices. Esto para mí ya fue algo que cambió mi predisposición hacia el género para siempre. Y ya solo por eso hubiera merecido la pena.

Pero el final de la película me demostró que realmente todo aquel esfuerzo era más bien irrelevante, porque la luz del faro te ilumina según tu perspectiva, según tu búsqueda. Y esta depende de tantos factores y cambia con tanta facilidad, que por mucho que mires al faro, nunca podrás verlo de forma objetiva, pues su propia naturaleza está en guiar nuestra intuición. En no mostrarse amable, sino esquivo, siempre en movimiento y aparentemente estático (o viceversa).

Y esto podemos aceptarlo o rechazarlo de la forma más violenta o amable posible. Y al mundo entero, al faro, le dará igual. Porque todo seguirá estando ahí, incluso sin nuestra mirada, ocupando un lugar ambiguo, mudable. Porque no podemos escapar de nuestra propia mirada. Y esto, que es lo que yo vi en la película, es terrorífico y exquisito a partes iguales, según la perspectiva. Abrimos los ojos y seguimos buscando algo diferente e innecesario en cada momento y cada luz.

María Martín-Maestro, @m_Nem0

Fotograma de ‘El faro’ (2019) de Robert Eggers
Fotograma de ‘El faro’ (2019) de Robert Eggers

9. El hombre invisible de Leigh Whannel

Sorprendente y eficaz. Leigh Whannel se consolida con una dirección impecable, dando una clase de como una peli tan sencilla puede ser tan completa. No siempre funciona, pero cuando lo hace es una gozada. En pocas palabras: Elisabeth Moss, espectacular.

Taquibox, @Taquibox

Fotograma de ‘El hombre invisible’ (2020) de Leigh Whannell
Fotograma de ‘El hombre invisible’ (2020) de Leigh Whannell

8. Possessor de Brandon Cronemberg

Del director cuya bio de Letterboxd se limita a “Canadiense, hijo de David Cronenberg”, llega una película sobre la difuminación y deformación de la identidad individual y donde ésta conduce a ultraviolentas masacres intrafamiliares. ¿Brandon, estás bien? Sea esta película una señal para que el bueno de David empieze a usar cuchillos de plástico en las reuniones familiares o no, lo cierto es que Possessor es, desde mi punto de vista, una de la más vibrantes, salvajes y provocadoras (en el buen sentido) obras de ciencia-ficción de los últimos años. Es más, para mí se lleva el Premio a la Mejor Película de Ciencia-Ficción con Parte del Título Escrito al Revés en el Póster del Año, y eso es decir mucho.

Brandon Cronenberg puede haber tomado metafóricamente el cuerpo cinematográfico de su progenitor. Pero al igual que en las sutiles interpretaciones de sus actores, hay que saber identificar los gestos propios y los marcadores identitarios que… bueno, ya no sé adónde llevar esta metáfora, no la entiendo ni yo. Brandon Cronenberg es un director con gran potencial y voz propia. Y ya está, eso es todo. Eso sí, su padre debe estar orgulloso.

Albert Olivé, @OOOOOF64315891

Fotograma de ‘Possessor’ (2020) de Brandon Cronemberg
Fotograma de ‘Possessor’ (2020) de Brandon Cronemberg

7. Tenet de Christopher Nolan

Nolan es garantía de divertimiento. Certeza de que vamos a pasar un buen rato. Su cine es entretenido y estimulante para el espectador tanto para la vista como para la mente. Sigue sin defraudarnos en Tenet, que reúne de nuevo las obsesiones que ya son conditio sine qua non en la filmografía del director británico. Jugar con el tiempo, los paralelismos temporales y las dimensiones paralelas. Una primera parte del film desconcertante, donde hasta la mente más brillante tiene que esforzarse para entender lo que está sucediendo, que se acaba resolviendo en el tramo final y que culmina el rompecabezas del guion que el propio Nolan firma. Una vez más, el cineasta londinense encaja su película en un terreno entre el blockbuster y el cine de autor, reafirmando su capacidad de dirigir grandes éxitos taquilleros con unos estándares de calidad muy altos tanto en su génesis como en su ejecución.

Guillem Ruiz, @deunatet

Fotograma de Tenet de Christopher Nolan
Fotograma de Tenet de Christopher Nolan

6. La voz humana de Pedro Almodóvar

Poder disfrutar de un cortometraje en cartelera es un lujo al que no estamos acostumbrados, pero Pedro Almodóvar es de esos directores consagrados que se lo pueden permitir y para ello decide volver a sus inicios de adaptaciones literarias, recordemos Salomé. Esta vez lo hace con La voz humana, el one-act play de Jean Cocteau y lo trata desde la actualidad más próxima. Rodado en plena pandemia es imposible no relacionarla con ella, ya que recoge con una finura innegable la sensación de encierro a través del espacio teatral, donde se entremezclan las dimensiones espacio-tiempo dando así una sensación de pérdida del control tanto temporal como psicológica que termina desembocando en un pensamiento alentador. De un momento a otro se abrirá una puerta por arte de magia y volveremos a salir como si nada hubiese pasado.

En su primera incursión cinematográfica al habla inglesa, la puesta en escena, la marca de agua de Almodovar, sigue manteniendóse al más puro estilo pop y teatral en el que hay momentos en los que recordamos Dogville de Lars Von Trier. Habría que destacar el vestuario, que a través de los colores primarios y chillones consigue mimetizar a la camaleónica Tilda Swinton vestida del característico rojo de chica Almodóvar, que complementa con unos cascos inalámbricos de última generación de alcance casi irreal.

El director manchego se encuentra en el momento más autobiográfico de su carrera. Y aún sabiendo cómo le gusta jugar a repetir motivos en sus filmes, esta vez nos regala una lectura al más puro estilo fan service, creando un juego que va en paralelo con el espectador que conoce su filmografía en el que a través de referencias textuales, formales e incluso de decorado, consigue que llegues a relacionar muchas de sus películas. Si estás en el caso de no haber visto su obra completa pero te gusta buscar referencias de otros filmes dentro de un mismo film, tranquilo, porque Almodovar te regala una escena en la cual te enseña una colección de blu-rays que podrás reconocer (o no) y apuntar (o no).

Igone Franco, @igone_6

Fotograma de ‘La voz humana’ (2020) de Pedro Almodóvar
Fotograma de ‘La voz humana’ (2020) de Pedro Almodóvar

5. El año del descubrimiento de Luis López Carrasco

Resulta curioso que, en los cerca de 200 minutos que El año del descubrimiento dedica a dar voz a las experiencias fácticas de distintas generaciones en un bar cartaginense, solo renuncia a la polivisión en tres ocasiones, para narrar tres sueños. El primero va sobre el encierro, el segundo, sobre la resignación, y el tercero, sobre la impotencia. Si, precisamente, una de las intenciones de Luis López Carrasco con este inconmensurable documental es sincronizar la perpetua desazón izquierdista, desde la Guerra Civil hasta nuestros días, en un lugar y en un instante, no es difícil pensar por qué estos tres momentos son los que se quedan fuera del dispositivo. En una película tan sumamente expansiva, tan polifónica, tan inabarcable en todos los ámbitos, las tres escenas pivotan sobre la totalidad del metraje, aglutinando el significado último de las múltiples conversaciones y entrevistas que allí tienen lugar.

Y a pesar de la sensación de desazón irracional que aportan, lejos de caer en la condescendencia, El año del descubrimiento es una llamada a la acción para la clase obrera. Una llamada a salir a la calle, a continuar con todas esas conversaciones en nuestros bares, a sobreponerse al encierro, la resignación y la impotencia que las élites quieren que sintamos. Y, sobre todo, a seguir intentando pegar a los nazis en nuestros sueños.

Adrián Sánchez, @sgr5asm

Fotograma de ‘El año del descubrimiento’ (2020) de Luis López Carrasco
Fotograma de ‘El año del descubrimiento’ (2020) de Luis López Carrasco

4. Mank de David Fincher

Siempre he sido un gran amante y defensor del cine clásico. Por este motivo, Mank me fascinó. Conocer el genio oculto tras Ciudadano Kane, una de las grandes obras maestras de la historia del cine, resulta revelador, especialmente cuando lo encarna un Gary Oldman en estado de gracia. Sumergirse durante dos horas en los entresijos del Hollywood clásico y en los tejemanejes de los grandes estudios, MGM en este caso, es una experiencia impagable para cualquier amante del cine de antaño. Eso sin mencionar las continuas referencias a personalidades del mundo del cine y del espectáculo y sus apariciones en pantalla -Louis B. Mayer, Irving Thalberg, W.R. Hearst, Marion Davies, Hedda Gabler, Orson Welles- y los paralelismos cinematográficos que Fincher hace con la película de Welles. 

Otro punto a favor del filme es situar la figura del guionista como eje central de la historia. Siempre se tiende a dar protagonismo a los cineastas y directores, sin hacer hincapié en la tarea de los guionistas. Sin embargo, en Mank podemos ver cómo funciona un proceso de escritura cinematográfica, marcado por los plazos de entrega, las exigencias del estudio o productora, la dificultad por obtener crédito y reconocimiento por lo que se ha escrito, etc. Como gran interesado en el guión cinematográfico que soy, arrojar luz sobre la figura de Herman Mankiewicz me parece un ejercicio de gratitud por la brillante labor que hizo en vida. En definitiva, el estreno de Mank a finales de año resultó ser un auténtico regalo para todos los amantes del Hollywood clásico y un buen cierre de un 2020 para el olvido. Al fin y al cabo, Fincher nunca decepciona.

Bernat Jordà, @ElSeriefilo99

Fotograma de ‘Mank’ (2020) de David Fincher
Fotograma de ‘Mank’ (2020) de David Fincher

3. 1917 de Sam Mendes

La encarnación cinematográfica de tu abuelo contándote que en sus tiempos, sin el Feisbus para hablar a distancia, se vivía mejor y se salía más de casa. Una ardua odisea a pie de la que el protagonista de Death Stranding se sentiría orgulloso. Y donde cada checkpoint está representado por un actor británico que estás seguro que has visto en alguna parte pero que no acabas de situar. Su naturaleza episódica me remite a esos clásicos de la Nouvelle Vague donde los protagonistas viajan a la deriva cruzándose con todo tipo de personajes y situaciones fortuitas, pero al estilo anglosajón: con más explosiones y menos franceses. Admirable la fotografía de Deakins, que se reúne con Mendes por primera vez desde Skyfall, con la diferencia de abordar ahora un género donde sí te pueden dar un Oscar.

Las magistralmente hipnóticas imágenes en plano secuencia (¿os habíais dado cuenta que era todo en un plano?) de 1917 podrán ahora adornar el solemne montaje anual que la academia dedica a las fuerzas armadas norteamericanas. Porque después de usar La Chaqueta Metálica y Platoon como material propagandístico hace un par de años, ya nada me sorprendería.

Albert Olivé, @OOOOOF64315891

Fotograma de ‘1917’ (2020) de Sam Mendes
Fotograma de ‘1917’ (2020) de Sam Mendes

2. Diamantes en bruto de los hermanos Safdie

Diamantes en bruto es un thriller hiperactivo, una comedia desbocada. Un filme de época (en efecto, se ambienta en el lejano año 2012, y captura la energía febril de esa fecha como si de una verdadera cápsula temporal se tratase), un retrato hiperrealista del Distrito de los Diamantes de Nueva York, un ejercicio de cartografía del capital, de su fluir vibrante y huidizo a través de los canales de la economía globalizada. Y, sobre todo, como denota su presentación cara al cosmicismo new age, es un reflejo fiel de cómo el capitalismo se ha disfrazado con los ropajes de un misticismo secular, haciendo de la especulación su ascensor espiritual.

Así es como Howard Ratner, un magnífico Adam Sandler, se concibe a sí mismo: como un idealista. Un hombre espiritual para el que las apuestas constituyen un verdadero salto de fe, un perseguidor que jamás para quieto en su búsqueda de una puerta de entrada al cielo.

Andreu Marves, @AndreuMarves

Fotograma de ‘Diamantes en bruto’ (2019) de los hermanos Safdie
Fotograma de ‘Diamantes en bruto’ (2019) de los hermanos Safdie

1. Estoy pensando en dejarlo de Charlie Kaufman

Tuve sentimientos encontrados al ver que lo nuevo de Kaufman es, según toda la gente maravillosa que ha votado, la mejor película del año. Por un lado me alegra enormemente. Por otro me preocupa casi de igual manera, porque su victoria implica que me toca hablar de ella. El solipsismo (y onirismo) como motor del caos ontológico que estalla cuando no se puede diferenciar entre sujeto y predicado. Una perfecta simbiosis del extrañamiento surrealista de Lynch (cuando Eraserhead conoció a Carretera perdida) y de ese nevado perfeccionismo técnico con el que Kubrick impregnó el Overlook (y por supuesto de esos fantasmas atemporales que lo habitaban). Porque Jack Torrance es asesino y víctima en el mismo espacio pero no al mismo tiempo.

Todo lo que pudo ser y no fue ahora es. Y todo lo que sin duda es quizás no lo es tanto (una naturaleza propia de la poesía que Kaufman parece secuestrar en el cine con un abrazo a punta de pistola).

Un nihilista canto a la muerte que siempre está y una esperanzadora oda a la vida que el arte de narrar hará siempre eterna. La que hubiera sido la película fetiche de Mark Fisher. «Pensaba que este poema me hablaba a mí». Pensaba que esta película me hablaba a mí. Y, al parecer, parece que nos ha hablado a todos.

Daniel Grandes, @UnFrikiInculto

Fotograma de ‘Estoy pensando en dejarlo’ (2020) de Charlie Kaufman
Fotograma de ‘Estoy pensando en dejarlo’ (2020) de Charlie Kaufman

Menciones especiales (esto sí que 100% personal)

Martin Eden de Pietro Marcello. Black Bear de Lawrence Michael Levine. Dear Werner de Pablo Maqueda. Little Joe de Jessica Hausner. Corpus Christi de Jan Komasa. Undine de Christian Petzold. Akelarre de Pablo Agüero. Beach Bum de Harmony Korine. First Love de Takashi Miike. Vitalina Varela de Pedro Costa. Valley of the gods de Lech Majewski. El elemento enigmático de Alejandro Fadel. Mandibules de Quentin Dupiex. We are who we are de Luca Guadagnino y Sant Gaietà 108 de Martí Farrés.

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