El próximo 19 de noviembre llega a nuestras salas Última noche en el Soho (Last night in Soho), la nueva película de Edgar Wright, la cual está protagonizada por Thomasin McKenzie, Anya Taylor-Joy, Matt Smith, Terence Stamp y Diana Rigg. ¿Está la película a la altura de las expectativas?

Cuidado con lo que deseas

Eloise, una aspirante a diseñadora de moda, misteriosamente puede entrar en la década de 1960, donde se encuentra con una deslumbrante aspirante a cantante, Sandie. Pero el glamour no es todo lo que parece y los sueños del pasado comienzan a resquebrajarse y astillarse en algo mucho más oscuro.

You can always go, Downtown

Hablar de Última noche en el Soho es hablar de cine. Más allá de que la película habla del amor que sienten Sandie y Eloise por la música, el diseño y el estilo de vida de años pasados, la película nos habla del amor que siente Wright por el cine de terror de antaño.

Si hago hincapié en ello es porque no solo la trama (de la que hablaremos más adelante y sin spoilers), sino también el estilo de la cinta, bebe en el mejor de los sentidos de grandes cineastas de antaño.

Todo el aspecto visual de la película es una fantasía, un viaje visual que no deseas que acabe nunca. Eso es así porque el director coge las técnicas de esos grandes cineastas que tanto adora y los adapta en el contexto de su película, dando lugar a un conjunto de homenajes que funcionan a la perfección.

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Desde el clásico Alfred Hitchcock (por partida doble con Vértigo y Psicosis), pasando por el sorprendente Brian De Palma (con su visión de Carrie) hasta el alocado Dario Argento (Suspiria, sin ir más lejos).

Sobre la trama quiero hablar más bien poco, es una película que cuanto menos sepas más disfrutarás de la experiencia (evitad el segundo tráiler a toda costa). Pero sí que hay un par de aspectos básicos que me gustaría comentar.

Por un lado, Wright y Wilson-Cairns han creado un relato  original, fresco y cautivador. Pero más importante aún, han sabido jugar muy bien con él.

De nada hubiera servido que nos ofrecieran 30 minutos la mar de adictivos si luego la trama perdiese fuerza o interés. Pero este no es el caso. Han sabido construir el desarrollo del relato concorde a lo que se exponía al inicio. Un claro ejemplo de lo importante que es saber qué contar y cómo contarlo.

Por otro lado, me fascina lo bien que están escritos los personajes. Ya no solo las dos protagonistas, sino todos sus secundarios: los personajes de Smith, Stamp y Rigg derrochan una personalidad y misterio que hace que quieras saber más de ellos. Esto es otro ejemplo claro de que es igual de importante trabajar la historia como sus personajes (si estos no están bien construidos, no se va a ningún lado).

Y alejándonos de la trama para no destripar nada, pero continuando con los personajes, tenemos que hablar del increíble poder actoral que tienen Thomasin McKenzie y Anya Taylor-Joy.

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Cuando salió el anuncio del cast, primeras fotografías y posteriormente primer tráiler, me alegré mucho de ver a McKenzie como protagonista (me sorprendió mucho en JoJo Rabbit), pero a quien esperaba con ganas era a la majestuosa Anya Taylor–Joy.

Y lo mejor de todo es que, una vez vista la película, te das cuenta de que una no eclipsa a la otra. Que ambas sacan lo mejor de sí y se complementa a la perfección. Cada una con su personalidad y estilo, y trabajando mano a mano, dan forma a sus personajes de manera excelente. Una cosa está clara: hace tiempo que dejaron de ser futuras estrellas. Ya son estrellas.

Para finalizar, aquí me gustaría hacer hincapié en Diana Rigg, increíble actriz que falleció hace un año y que con este proyecto finalizaba su filmografía. En esta película aborda un papel pequeño, pero tan bueno y bien interpretado que es una delicia poderla ver en la gran pantalla una última vez.

Eclipsado por el terror

Como veis, Última noche en el Soho es una maravilla, pero no todo me ha convencido. El fallo importante que le veo es que Wright quiere llevar el relato al género de terror cueste lo que cueste.

Esto no está en contraposición con lo que he dicho anteriormente sobre que los guionistas saben qué decir y cómo decirlo. Al contrario, refuerza esta idea.

Digamos que a medida que avanza el relato este se va volviendo cada vez en algo más oscuro, más complejo y terrorífico. Para conseguir esto, la película no escatima en recursos argumentales y visuales, provocando que se fuerce demasiado este mecanismo.

Última noche en el Soho

Para que quede claro, me gusta mucho de donde parte, su desarrollo y su desenlace; no hubiera pensado en uno mejor. Pero lo que no me convence es cómo al final esa atmosfera puede llegar a superar a la historia, provocando que determinados personajes se comporten de una manera determinada o tomen unas acciones debatibles que no me acaban de convencer.

Es curioso porque son precisamente estos “fallos” y  decisiones las que siempre me chirrían en las películas de terror, incluso los clásicos y obras maestras del género. Así que tal vez no es tanto un fallo de la película, sino que no soy el tipo de espectador al que puede ir dirigida. Al final, como siempre, dependerá de cada cual permitir más o menos determinadas licencias narrativas.

Conclusión

Última noche en Soho es toda una experiencia que debe verse en la gran pantalla. Desde sus actuaciones de lujo, pasando por una puesta en escena excelente, hasta la resolución del misterio que plantea. Todo es un viaje que el espectador disfruta durante sus 2 horas de metraje. Con una necesidad de abordar el terror que unos disfrutaran más y otros menos (como digo, a mí esa necesidad de abrazar tanto el género me sobrepasa), la película es un soplo de aire fresco más que bienvenido.

Última noche en el Soho

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