Si hubiera que describir la trayectoría cinematográfica del director Peter Berg con una sola palabra, sin duda esta sería “acción”. Ya nos demostró en películas como El único superviviente, Día de patriotas, Battleship o Hankock su predilección por el género militar y policiaco, con tramas donde la violencia suele ser el hilo conductor. Este año estrena Milla 22, su nueva película protagonizada por Mark Wahlberg donde, como era de esperar, el director no abandona sus raíces.

Disparos, disparos y disparos

Milla 22 nos cuenta la historia de James Silva, un agente de la CIA con hiperactividad trasladado a un país extranjero con supuesta actividad nuclear. Su objetivo será transportar a un funcionario local con información delicada sobre su gobierno desde la embajada hasta el aeropuerto para que este pueda estar a salvo en EEUU. Como el nombre de la cinta indica, la distancia entre ambos puntos son 22 millas. Bajo esta premisa se construye una narración, ya no sólo poco original, sino también superficial y nada arriesgada. La historia no consigue atraparte. Seguramente por culpa de un guión que acaba convirtiendo el filme en una simple sucesión de tiroteos y peleas con nulo valor argumental. Aunque hay que reconocer que el final de la cinta consigue que al menos no te vayas de la sala con un no tan mal sabor de boca.

Los personajes tampoco ayudan mucho a arreglar el percal. Además de ser poco carismáticos, su evolución a lo largo de la trama es prácticamente nula, provocando que el vínculo emocional entre el espectador y los protagonistas sea casi inexistente. Es una lástima que esto sea así, porque creo que el personaje de James Silva tenía un gran potencial, el cual se ha desaprovechado por completo. Un personaje neurótico, hiperactivo e impulsivo que parece serlo sólo a ratos, cuando el director se acuerda. Si se le puede encontrar un pequeño rastro de carisma a Silva es sin duda gracias a la actuación de Wahlberg, que defiende de forma notable su papel. En el caso de los secundarios, aunque se les intente atribuir alguna que otra subtrama a priori interesante, estas acaban desapareciendo conforme avanza la película enterradas bajo toneladas de acción y violencia vacía.

¿Dinamismo o caos?

Hay que reconocer que en lo que se refiere al aspecto técnico, Milla 22 se defiende bastante mejor, consiguiendo así dar un poco de vidilla a la película. El filme presenta un montaje dinámico que consigue aportar un ritmo frenético a la cinta, lo cual es de agradecer. Ya que la historia no es para lanzar cohetes, al menos va al grano. Además, este montaje tan resolutivo y ágil nos ayuda a ponernos en la piel del protagonista, empatizando con su hiperactividad y su forma de experimentar la vida. Es tan eficiente este recurso que en ocasiones tienes la sensación de sentirte abrumado y nervioso por el ritmo vertiginosos que los sucesos toman. Aunque esto funciona como un arma de doble filo ya que es cierto que puedes llegar a sentirte como Silva, pero también puede llegar a ser asfixiante y desagradable en algunos. Porque creo que es necesario ser conscientes de que “ritmo frenético” y “caos” son cosas distintas y es cierto que algunas escenas de Milla 22 pecan de caóticas.

La esencia “Call of Duty”

Por todo lo dicho anteriormente me parece tan significativo que Peter Berg haya dirigido algunos cortos publicitarios para la famosa franquicia Call of Duty. Porque considero que Milla 22 y este videojuego comparten el mismo espíritu despreocupado, donde la historia es irrelevante y lo único que se le exije a esta es que dé lugar a escenas con tiroteos y violencia sin fin. Call of Duty es un juego al que entrar cuando lo que te apetece es pasar el rato con amigos y desconectar matando a algunos jugadores anónimos, no cuando buscas una historia rebuscada y llena de simbolismo y emotividad. Quizás esto es lo que quería conseguir Berg con su nueva película, un historia sin pretensiones para gente que lo que busca es encontrar acción gratuita y nada más. No, Milla 22 no es una gran obra maestra, pero es un entretenimiento correcto para aquellos amantes del caos.

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