Nunca me han gustado las películas de época. No es por ningún motivo en especial, simplemente no suelo conectar con ellas. Sin embargo, desde que se hizo público el cartel de La favorita no me la he podido sacar de la cabeza. El sacrificio de un ciervo sagrado me pareció un proyecto cuanto menos peculiar y no podía esperar a ver qué tenía entre manos Yorgos Lanthimos. La semana pasada por fin tuve la oportunidad de verla y sólo os adelanto que no me ha dejado indiferente. ¿Es posible que en enero ya tenga mi película favorita del 2019? Sí, es bastante posible.

Amor, ambición y decadencia

La favorita es una compleja y oscura historia sobre la fina linea que separa el amor y la ambición. Lanthimos firma un filme de época que hace todo lo posible por diferenciarse de sus compañeros de género. El objetivo no es crear un ambiente nostálgico sobre la elegancia y la magestuosidad de la monarquía británica del siglo XVIII, sino todo lo contrario. El director griego busca y consigue plasmar el lado más decadente, carnal y primitivo de este mitificado estamento. El guión de Deborah Davis y Tony McNamara juega un papel esencial en esta preciosa y fatalista ecuación, haciendo de la historia algo impredecible a la vez que hipnótico. Es imposible dejar de mirar cómo estas tres mujer se destruyen la una a la otra.

Justamente son estas tres mujeres uno de los pilares fundamentales de La favorita. Tanto Emma Stone como Rachel Weisz se adaptan a la perfección al excéntrico registro que Lanthimos les propone. Pero es Olivia Colman, sin duda alguna, la guinda del pastel. Que la actriz inglesa se quedara sin reconocimiento en los Óscars sería prácticamente insultante. Con estas tres actrices como vértices se forma en el filme un triángulo amoroso con una increible personalidad y potencia expresiva.

Filmar el pasado como si no lo fuera

Lo que Lanthimos hace con la dirección de La favorita da para escribir un libro, pero vamos a intentar sintetizarlo. El director otorga al filme un ritmo frenético y un ambiente sombrío y tenebroso que consiguen convertir el inmenso palacio donde transcurre la acción en un auténtico infierno, laberíntico y metamórfico. El espacio es un elemento fundamental en la película y Lanthimos lo utiliza, junto con unos planos generales y un exquisito uso de la luz, para remarcar el estado anímico de los personajes. Conseguir que el público conciba a la reina de Inglaterra como algo insignificante y frágil sin decir una sola palabra es un logro en mayúsculas.

Pero no nos engañemos, la dirección de Lanthimos sin la fotografía de Robbie Ryan no sería lo mismo. El uso del gran angular (que en ocasiones se convierte en ojo de pez) aporta a La favorita una perspectiva única y una personalidad indiscutible. Porque por muy chocante e incluso anacrónico que pueda resultar el uso de este tipo de plano en un filme de este estilo, hay que reconocer que acompaña a la perfección a la historia que se nos cuenta.

La favorita es como un castillo de naipes por muchos motivos. Lo es por ser una compleja y delicada obra de arte en la que todas las piezas están minuciosamente colocadas para que todo funcione a la perfección. Pero sobre todo, lo es porque sorprende que sea capaz de mantenerse en pie teniendo en cuanta las arriesgadas cartas que lo componen.

 

 

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