Como lo es para muchos de mi generación, el clásico de animación de Disney es mi favorito. Hasta la fecha, sigue siendo una obra maestra, y quien lo niegue, que me dé razones de peso que consigan hacerme cambiar de opinión. Cuando se dio a conocer que Jon Favreau dirigiría el remake de “acción real” de El Rey León, no tenía fe en el proyecto, a pesar del buen trabajo que hizo con El Libro de la Selva. Pero consiguieron encandilarme con los adelantos que sacaron. Mis expectativas aumentaron y, como había hecho anteriormente con La Bella y la Bestia, Dumbo o Aladdín, estuve dispuesta a darle una oportunidad. ¿Qué me ha parecido? A continuación, os dejo mi humilde crítica de El Rey León.

Un calco pobre de la original

Puede que de los remakes que han hecho hasta hoy, sea el más exacto al clásico de animación original. Lo que muchos consideraban un error, yo lo vi un acierto, pues la historia original es perfecta. No necesita retoques. La narrativa del filme de animación permanece intacta después de veinticinco años gracias al gran trabajo que realizó el equipo. Y para mí uno de los requisitos para ir a verla era que respetaran ese punto en cuestión. Lógicamente, tiene elementos añadidos, pero sin ser excesivos, y lo más importante, encajan bien con el resto de la trama.

Sin embargo, eso no es suficiente. Esperaba que El Rey León consiguiera emocionarme como lo sigue haciendo la película de animación, al menos que me removiera un poco por dentro. Pero no fue así. ¿Cuál es el problema? El exceso de hiperrealismo ha hecho disminuir la épica y el drama que desprendía cada imagen de la cinta de 1994. Lo tenían todo para hacer una gran película (idéntica a la de animación, ya lo sé) aprovechando el avance de las tecnologías, pero se ha quedado en otro producto taquillero sin alma propia. Me duele  amargamente reconocerlo.

Una vez más, y puede que esta vez sea la ocasión más clara, se demuestra que no siempre la misma historia funciona en todos los formatos cinematográficos. En la animación puedes tomarte licencias que son difíciles o imposibles de plasmar en acción real (en este caso, animación fotorrealista), como el hecho de que los animales hablen y tengan sentimientos. Ese detalle afecta a esta producción, si bien es notable el trabajo realizado para darle la mayor naturalidad posible. También hay que valorar el respeto por la película de 1994, tanto que hay escenas exactas a la original que te transportan directamente a la infancia. Por ello, es una lástima ver un producto con un envoltorio tan hermoso pero con un caramelo sin sabor alguno.

Lo mejor

No todo es tan horrible como se vislumbra. El Rey León es un producto hecho para disfrutar en pantalla grande. Además, sigue contando con dos puntos fuertes que han sufrido apenas cambio alguno: primero, su gran banda sonora. Hans Zimmer nos regala de nuevo unas maravillosas composiciones que, junto a los nuevos arreglos musicales, suavizan los defectos del filme. Segundo, Timón y Pumba. Siguen siendo el alma de la fiesta, a pesar de la inexpresividad que acompaña a las imágenes tan sumamente realistas. Un gran acierto por parte de Disney el haber contado de nuevo con Alberto Mieza y Miguel Ángel Jenner. Sin duda, ofrecen nuevamente grandes momentos cómicos, y sus diálogos son lo más destacable del guión. Como punto a añadir, he de reconocer que Scar está bien definido y consigue estar a la altura del villano de animación, a pesar del enfoque algo diferente que le han dado en esta ocasión.

¿Merece la pena El Rey León?

Personalmente, creo que sí. La historia es la misma, y es maravillosa. La belleza visual es impresionante. Disfrutar una vez más de su banda sonora es un placer para los oídos y alegria para el corazón de aquel/la niño/a que la escuchó por primera vez hace ya veinticinco años. Y a pesar de no tener la chispa vital (ese cúmulo de emociones que remueven el interior de todo espectador) de la original, mantienen la esencia, e intentan hacerlo lo mejor posible. Será imposible refrenar las ganas de revisionar el clásico de animación, una obra maestra que perdura años después más viva que nunca.

Eso sí, Disney debería empezar a replantearse si vale la pena llevar a cabo los remakes que tienen pensados tras las críticas mixtas que están recibiendo sus últimas producciones. Sabemos que no lo hará, pues le importa más la cantidad que la calidad, algo que como fan que soy de sus proyectos me molesta. Y una cosa está clara: la nostalgia no siempre les traerá beneficios. Todo lo bueno se acaba.

¿Estáis de acuerdo con esta crítica de El Rey León? ¿O tenéis una opinión diferente?

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